Qué es el mareo y por qué ocurre a bordo
El mareo por movimiento, conocido técnicamente como cinetosis, ocurre cuando el cerebro recibe señales contradictorias entre lo que ven los ojos y lo que registra el oído interno. A bordo de una embarcación, el movimiento constante del casco —especialmente en condiciones de oleaje o viento cruzado— genera exactamente ese conflicto sensorial. El resultado: náuseas, palidez, sudoración y, en casos más severos, vómitos y desorientación.
Lo interesante es que el mareo no discrimina: puede afectar tanto a quienes navegan por primera vez como a tripulantes con cierta experiencia que no han desarrollado aún la adaptación vestibular. La buena noticia es que, en la gran mayoría de los casos, se puede prevenir o atenuar con medidas concretas.
Factores que aumentan el riesgo de mareo
Antes de hablar de soluciones, vale la pena identificar qué situaciones disparan el mareo con más frecuencia:
El estado del mar y el tipo de movimiento
No es lo mismo navegar en aguas calmas del Río de la Plata que cruzar una zona de reflujo con oleaje corto y frecuente. El movimiento de cabeceo —proa y popa que suben y bajan— suele ser el más desestabilizador para el organismo. El rolido (balanceo lateral) también genera malestar, aunque en menor medida.
La falta de horizonte visual
Estar bajo cubierta, leer un mapa en papel o mirar el celular son actividades que desconectan la vista del movimiento real. El cerebro pierde la referencia visual del horizonte y el conflicto sensorial se intensifica.
El ayuno o la comida excesiva
Navegar con el estómago vacío es tan problemático como hacerlo con una comida pesada encima. Ambos extremos facilitan las náuseas.
La ansiedad y el estrés
El sistema nervioso tiene un rol directo en la cinetosis. Las personas que suben al barco con miedo o nerviosismo son más vulnerables. No es casualidad que los mareos sean más frecuentes en los primeros tramos de una travesía, cuando la tensión todavía no bajó.
Hábitos de prevención antes de zarpar
La prevención empieza en tierra, no a bordo. Estos son los pasos concretos que recomendamos desde ENBA a quienes se preparan para sus primeras salidas:
Dormí bien la noche anterior. La fatiga amplifica la sensibilidad al movimiento de manera significativa.
Comé liviano unas dos horas antes. Alimentos fáciles de digerir, sin grasas ni alcohol. Crackers, frutas o una porción pequeña de pasta son buenas opciones.
Tomá agua regularmente. La deshidratación empeora los síntomas. Hidratarse bien antes y durante la navegación es clave.
Considerá medicación preventiva. Los antihistamínicos como la dimenhidrinato (Dramamine) o el parche de escopolamina son los más usados. Deben tomarse con suficiente anticipación —generalmente una hora antes del zarpe— y siempre con indicación médica. No esperés a sentirte mal para tomarlos: su eficacia preventiva es mucho mayor que la curativa.
Si vas a usar medicación antimareo, tomala antes de subir al barco: una vez que el malestar comenzó, la efectividad se reduce drásticamente.
A bordo: qué hacer y qué evitar
Una vez en el agua, hay una serie de comportamientos que marcan la diferencia:
Mantené la vista en el horizonte. Es el consejo más clásico y uno de los más efectivos. Fijarse en un punto estable en la distancia ayuda al cerebro a sincronizar las señales visuales y vestibulares.
Quedate en cubierta. Estar bajo cubierta, especialmente en los camarotes de proa, maximiza la sensación de movimiento. Si podés, permanecé en el cockpit o en algún lugar con buena visibilidad hacia afuera.
Tomá el timón si es posible. Muchos navegantes experimentados coinciden en que llevar el timón reduce el mareo. La razón es que quien conduce anticipa los movimientos del barco y su cerebro no los percibe como sorpresas.
Evitá leer o mirar pantallas. El celular, la tablet y hasta los instrumentos de navegación pueden desencadenar náuseas si se usan con el barco en movimiento.
Ventilación y posición del cuerpo. El calor y los olores fuertes —combustible, comida, humedad— son detonantes frecuentes. Asegurate de tener ventilación y, si te sentís mal, tumbate boca arriba con los ojos cerrados hasta que pase el pico.
Errores comunes que conviene no repetir
A lo largo de nuestra experiencia organizando travesías y formando navegantes, identificamos algunos patrones que se repiten:
- Subestimar las condiciones del día. Salir en un día con viento fuerte o mal tiempo siendo principiante multiplica las chances de mareo.
- Esperar a tener síntomas para actuar. Como mencionamos, tanto la medicación como los cambios de posición son mucho más efectivos de manera preventiva.
- Automedicarse sin criterio. No todos los antimareo son iguales ni adecuados para todas las personas. Consultá con un médico antes.
- Ignorar la aclimatación progresiva. Salidas cortas y en condiciones moderadas permiten que el cuerpo se adapte de forma gradual. No tiene sentido empezar con una travesía de larga distancia si nunca navegaste.
La adaptación: el secreto que nadie menciona
Existe un fenómeno que los marineros conocen bien: la adaptación. Después de uno o varios días en el mar, el organismo ajusta sus mecanismos de equilibrio y el mareo disminuye o desaparece. Esto explica por qué muchos tripulantes de travesías largas sufren mareos al inicio y luego navegan sin ningún problema.
Esa adaptación también se logra, aunque de forma más gradual, con navegaciones frecuentes y regulares. Participar en las actividades de formación práctica de ENBA o sumarse a travesías cortas es una de las mejores formas de entrenar al cuerpo para la vida a bordo.
Si tenés dudas sobre cómo comenzar o querés más información sobre nuestros programas, podés contactarnos directamente.